¿Adiós al outsourcing?

Desde la reforma planteada a la Ley Federal del trabajo, presentada por Roberto Cañedo, un diputado de Morena, se han cimbrado muchas medianas empresas.

Ojo aquí, esto solamente es una PROPUESTA de reforma, la ley aún no ha cambiado, pero no dista mucho de que se dé la modificación.

¿Por qué? Porque es lo justo. El outsourcing o “subcontratación” vino en paquete con la reforma Abascal desde 2012 pero nadie realmente prestó mucha atención. Hasta que comenzaron a surgir lucrativos negocios de tercerización.

Primero: qué es outsourcing.

Es una práctica (prohibida hasta antes de 2012) bajo la cual una “empresa A” contrata a un trabajador a través de un tercero o “empresa B”. Es decir: el trabajador pertenece a las filas de la empresa B, pero la empresa A requiere sus servicios.

Todo es bastante confuso (como la mayor parte de la aplicación de la legislación federal) porque pone de relieve varios puntos importantes:

La subcontratación es una práctica mañosa, pero no por ello ilícita.

Para empezar, el outsourcing es perfectamente válido en casos determinados, como que el puesto a desempeñar no formara parte de las funciones y esquema de la empresa; que no suceda con el total de los trabajadores; que el trabajador no se requiriera en jornada completa o que éste fuera de una rama especializada.

Sin embargo, la realidad material es otra:

Cómo funciona el outsourcing en la vida diaria

De entrada, casi el 40% de los empleados pueden decir que se encuentran bajo este régimen. Hay incluso empresas de 50 personas que tienen en outsourcing a 35… Suena ilógico ¿no?

Así, los trabajadores que diariamente se presentan a su centro de trabajo, con jefes directos, donde checan entrada o salida y pasan toda su jornada, resulta que sólo son subcontratados y ese centro de trabajo NO es su empleador. Y, evidentemente, esto no tiene ningún sentido.

Esta subcontratación ha traído una serie de inconveniencias, entre ellas, la evasión fiscal y la flagrante violación de derechos laborales.

¿Esto es peligroso para una pyme?

Efectivamente, es un riesgo. Simplemente porque las empresas que han surgido de manera tercerizadora generalmente no tienen cuidado con mantener en regla los derechos laborales de sus “trabajadores”.

Sus contratos son formatos insípidos y no se diga del registro patronal de pago de cuotas o de labores. Realmente, en un juicio, es muy fácil echar abajo esta “simulación” laboral.

¿Cómo? Con la figura del “patrón solidario”.

Para efectos de obligaciones laborales, son responsables tanto la empresa A como la empresa B (outsourcing).

¿Me pueden demandar aún si contrato por outsourcing?

Sí. En base a las decisiones de la corte, quien haga subcontratación es tan responsable para cubrir la seguridad social del trabajador, como la empresa de outsourcing.

Además, existe algo denominado “fuente de trabajo”. Muchos trabajadores desconocen que se encuentran vía outsource y, por ello, al demandar, adecuadamente ponen como responsable al dueño de la empresa donde laboraban todos los días.

Así que sí: si eres una PYME que tiene subcontrataciones, eso no te exenta de nada.

¡Adiós al outsourcing!

Definitivamente, es algo que nunca debió pasar. Pero ya que está aquí, lo mejor es tratar con mucha precaución este tipo de contratos.

El clima político es incierto aunque, si nos atenemos al curso y los movimientos ya vistos, probablemente sea un hecho que la subcontratación está en vías de ser despedida de la Ley Federal del Trabajo.

Nada es concluyente aún, pero nunca está de más tomar precauciones. Empezando, por supuesto, por supervisar esos trabajos vía outsourcing que no tienen razón de ser.

 

 

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